Por qué no pagamos pequeñas compras con tarjeta de crédito

La historia se repite en muchos pequeños establecimientos de nuestro país. Es entrar un día cualquiera a una panadería, a un kiosko o a una frutería y sacar efectivo para pagar, en lugar de utilizar la tarjeta de crédito, la barra de pan, el periódico o dos kilos de limones. En la mayoría de ocasiones, no se nos pasa por la cabeza pagar unas cantidades tan pequeñas con otra cosa que no sea el suelto que llevamos encima.

Pero, ¿por qué no pagamos pequeñas cantidades con tarjetas de crédito? En algunos lugares, ni siquiera podemos, pues el establecimiento establece una cantidad mínima por debajo de la cual no permite el pago con tarjeta; en otras circunstancias, lo hacemos simplemente porque pensamos que la tienda va a perder dinero en la operación, al tener que pagar comisiones por esta transacción. Pues bien, en la actualidad, no existen razones para no utilizar la tarjeta de crédito, aunque pensemos lo contrario.

¿Es legal no permitir el pago con tarjeta?

A diferencia del efectivo, los comercios pueden decidir aceptar o no el pago con tarjeta bancaria, aunque dispongan de datáfono. Son los términos del contrato que suscriba el banco con el establecimiento los que establecen las condiciones del contrato.

Así, un comercio puede negarse a aceptar tarjeta de crédito o de débito e, incluso, establecer un mínimo para su aceptación. Otra cosa es que les convenga, pues cada vez son más las personas que han dejado a un lado el efectivo para pasarse a los medios de pago electrónicos.

¿Por qué algunos comerciantes imponen un mínimo?

Pago con tarjetaEn los últimos años, las entidades financieras han venido cobrando un importe mínimo por cada operación realizada a los comercios que utilizaban su TPV. Normalmente, esta comisión consistía en un porcentaje de la operación, aplicando una comisión mínima con independencia del importe de la operación.

Así, por ejemplo, si la entidad cobraba un 1% por cada operación con un importe mínimo de 0,20 euros, una barra de pan comprada en una panadería por 80 céntimos de euro acarreba un coste para el comercio de 0,20 euros cuando, en realidad, no debería llegar el céntimo de euro (0,008 euros). La comisión real aplicada a la operación de pago por tarjeta era, en realidad, del 25%.

En este caso, para que a la panadería le compense utilizar la tarjeta de crédito, el importe mínimo que debían imponer era de 20 euros, que es el precio que iguala la comisión real a la mínima aplicada por el banco (el 1% de 20 euros es 0,20 euros).

Entonces, ¿debemos seguir pagando cantidades bajas en efectivo?

En los últimos años, sin embargo, la mayor competencia entre entidades financieras ha hecho que la mayoría hayan decidido eliminar esta comisión mínima. El comercio paga, en todos los casos, un porcentaje fijo sobre la operación, sin cantidades mínimas. Por ejemplo, en el caso de la barra de pan, el comercio paga menos de un céntimo de euro por la operación, en lugar de los 20 céntimos que habría que pagar si hubiese comisión mínima.

En estas circunstancias, los comercios no tendrían preferencia a la hora de aceptar efectivo o tarjeta de crédito. En algunos casos, incluso, sería preferible, puesto que, además de que supone una mayor comodidad para el cliente, evita que el comercio tenga que manejar efectivo, con el riesgo de robo que ello implica.

Aun así, todavía son muchas las personas que se muestran reacias a la hora de pagar pequeñas cantidades con tarjeta de crédito. Sin embargo, se trata de una forma de pago que beneficia a todos: es muy cómoda para el cliente, es totalmente segura para el establecimiento y, además, es transparente a los ojos de Hacienda, al evitar pagos en negro.

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